jueves, 19 de mayo de 2016

Castrogonzalo en el Diccionario de Madoz (1845-1850)

Villa con ayuntamiento, en la provincia de Zamora (9 leguas), partido judicial de Benavente (1 legua), diócesis de Astorga (10 leguas), audiencia territorial y capitanía general de Valladolid (14 leguas). Situada en dos laderas, formando una hondonada el centro de la población; divídese en dos barrios llamados de Abajo y de Arriba; aquel le constituye las dos terceras partes de la villa; ocupa la mayor parte de la hondonada y cuenta tres calles que se dirigen al de Arriba; este que por su posición mas elevada es combatido por todos los vientos, ofrece una perspectiva hasta cierto punto deliciosa, pues desde él se distinguen los bosques de Benavente, los ríos Esla, Órbigo y Cea que puede decirse lamen los cimientos de la población, todos los pueblos de la vega de Toral, y los situados en la cordillera que-roza en el citado Esla, desde Valencia de Don Juan hasta Villaveza del Agua: sin embargo de la elevada posición que ocupa, y de su libre ventilación, se observa que sus habitantes no gozan de vida larga, al paso que en el barrio de Abajo se ven personas de 80 y más años. Esta villa debió en lo antiguo ser de mucha importancia, atendido a los escombros que en varias partes se observan; y aun se dice en el país fue ciudad en tiempo de los romanos; pero sin entrar en comentarios, sobre esto de que nada nos dice la historia, pasaremos a determinar el número de casas que actualmente tiene; 195 son en su totalidad; las del barrio de Abajo de un solo piso, limpias y capaces; las del de Arriba también lo son de uno, excepto 4 que tienen dos, y cada una de ellas tres balcones de hierro con fachada de piedra y ladrillos; cada barrio forma 3 calles, terminando todas en un mismo punto, cual es una extensa laguna, que recoge las aguas llovedizas, con tanta abundancia, que es suficiente para dar riego a las labranzas de los habitantes. Hay casa de ayuntamiento; un castillo que según tradición fue conocido con el nombre de Mahunz y ocupado por los moros como su primer baluarte y apoyo para las incursiones que hacían en el reino de León; escuela de primeras letras dotada con 1,000 reales, a que asisten 70 niños de ambos sexos, y dos iglesias parroquiales (Santo Tomas y San Miguel), servidas por dos curas de ingreso y presentación de los vecinos, y un beneficiado ademas en la primera de presentación del procurador síndico general; el edificio de esta es del orden gótico; sus paredes y torre de piedra cantería y las bóvedas de ladrillo por arista; tiene una sola nave con 150 pies geométricos de largo, 110 de ancho y 62 de altura hasta la bóveda; cuenta cinco altares que nada ofrecen de particular, y celebra dos festividades, una el 21 de diciembre y otra el 16 de agosto en conmemoración de San Roque, patrono del pueblo. La iglesia de San Miguel, situada en el barrio de Arriba, en su centro y punto mas alto, es un edificio sólido y del orden dórico; sus paredes hasta la mitad de la altura son de piedra sillería y el resto de ladrillo: las bóvedas de esta misma materia; no tiene hecha mas que la mitad de la torre, sobre la que se formaron precipitadamente cuatro pilastras de ladrillo en sus respectivos ángulos, en cuyos huecos o ventanas se ven colocadas dos campanas regulares y un esquilón: esta imperfección la causó la entrada del ejército francés ocurrida en el año 1808, precisamente cuando se estaba terminando su nueva fundación empezada en 1807 por Antonio Allende, maestro alarife: es de una sola nave con 130 pies geométricos de largo, 45 de ancho y 48 de altura basta la bóveda; cuenta tres altares, el mayor y dos colaterales; antes de la guerra de la Independencia tenia buenas alhajas que se llevaron los franceses. Confina el término N. el despoblado de Piquillos; E. Fuentes de Ropel; S. Castropepe y San Esteban del Molar, y O. Benavente, todos a 3/4 de hora de distancia, excepto Castropepe que lo está 1/2. El terreno es llano por las partes del E., S. y O.; por la del Norte es desigual y nunca de tan buena producción; sin embargo, todo él puede llamarse de primera clase, siendo tal su fortaleza que en años secos, no es posible conseguir que se polvorize sino golpeando los terrones con unos fuertes mazos que usan los labradores para el efecto. Los ríos Cea y Esla cruzan el término; este lame las cárcavas que llaman del Castillo y también las casas del barrio de Abajo, y tiene un puente de piedra sillería de 27 ojos, excepto 4 que volaron los franceses e ingleses en la guerra de la Independencia, que son de madera; unos y otros se conservan en muy bien estado, a pesar de la importancia de su paso, que lo es para todos los transportes y correos generales que de Madrid, Andalucía, Extremadura, etc., se dirigen a Galicia y Asturias: otro puente de madera hay sobre el Cea al N. del pueblo que facilita la comunicación con las dehesas y caseríos de Rubiales, Piquillos, Morales de las Cuevas y Escorriel de Frades. El río Esla es tanto lo que desborda cuando crece que se extiende casi hasta las inmediaciones de Benavente; de las aguas de uno y otro río no hacen uso para riego los vecinos: hay ademas un arroyo de aguas llovedizas que atraviesa el barrio de Abajo y va a desaguar al Esla inmediato al pueblo. Las principales producciones son la de trigo y cebada; también se cosechan granos menores y vino en suficiente cantidad para el consumo: hay dos plantíos de chopos regulares; una hermosa pradera, pasado el puente que lleva el nombre de la población, en que pacen las yuntas de labor y demás ganado mayor, desde el mes de abril basta San Miguel, y de este día al de San Andrés; el lanar, y dos isletas, una formada por los indicados ríos Cea y Esla, abundante en yerbas de pasto, y otra por este último sin producción alguna. El viñedo es muy bueno y de plantío nuevo llamado Verdejo que da un vino gustoso y de vigor; por ahora se encubarán unos 4,000 cántaros, pero dentro de pocos años debe aumentarse considerablemente el número por el mucho fomento que recibe. La caza es de liebres, y la pesca de truchas, barbos y anguilas. Industria: 2 telares de lienzos caseros, Comercio: extracción de lana para las fábricas de Palencia y otros artículos sobrantes. Población: 185 vecinos, 742 almas. Capital Producción: 370,000 reales. Imponible: 42.463. Contribución: 18,630 reales 3 mrs. El presupuesto Municipal asciende a 2,329 reales, 1,080 para gastos de la calzada de Vigo, y 1,219 para demás gastos de ayuntamiento: se cubre con el producto de propios y arbitrios que consisten en dos tabernas, una en el pueblo y otra en el puente, y los rendimientos del río, todo lo cual asciende a unos 19,000 reales. En el día de San Roque, que celebran con misa, sermón y novillos, es costumbre que el ayuntamiento reparta entre sus individuos, cura de la parroquia de Santo Tomás, que es en la que se verifica la función y predicador, una arroba de barbos, otra de truchas y otra de carne de vaca por iguales partes; por la tarde se corren los novillos, y por la noche suele haber algún banquete para los elegantes. Otra costumbre no menos particular se observa en los habitantes de este pueblo, y es, el primer día de Pascua de Resurrección entrega el alcalde el bastón a un mozo, que por los tres días ejerce autoridad, limitada a presidir la comitiva que lleva el predicador de Semana Santa cuando sale, a pedir la aleluya; a esta comitiva compuesta de todos los concejales, incluso el alcalde y cura párroco mas antiguo, se agrega otra compuesta de tantos mozos cuantos son los individuos de ayuntamiento, pidiendo también la aleluya para ellos: no hay vecindad, especialmente las mujeres, que no se esfuerce en darles bollos y huevos, con tal abundancia que suelen reunir hasta un centenar de docenas: esta abundante provisión se ha de consumir con el agregado de mucho vino, cu el baile que se celebra la tarde del mismo día en la plaza pública, acto que preside el ale. Mozo, sentado con otros de su edad en un banco puesto para el efecto: los mozos eligen entre ellos, en presencia del alcalde, y previo su asentimiento, dos o tres cocineros que reducen los huevos a tortillas; estas las reparte el ale., sin mas instrumento cortante que sus dedos, entre las mozas en los intervalos de cada tanda; esta operación va acompañada de sus buenos tragos de vino que anima sobre manera a bailadores y bailadoras. El segundo día de Pascua repite el alcalde con su escolta la vuelta de segunda aleluya, reducida a pedir el coracho, que es un pedazo de tocino y gallinas; por la tarde se repite el mismo baile, pero sin la adición del día anterior; el coracho y gallinas, con otras cosas que agregan, las destinan a obsequiar aquella noche, con abundante cena al cura párroco, predicador y concejales, a cuyo obsequio concurren todos los mozos. El 26 de diciembre de 1808 se dio una reñida acción de caballería en el prado de este pueblo, entre la vanguardia del ejército de Napoleón y la retaguardia del ejército inglés; este había volado el día anterior dos ojos del puente, pero los franceses pasaron el río a nado aunque estaba fuera de madre, y obligaron a los ingleses a batirse; el número de estos era de 2.000 jinetes, y el de aquellos de cerca de 3.000, y a pesar del exceso en el número vencieron los isleños, teniendo la gloria de hacer prisionero al general Lefebre; los franceses repasaron el río con pérdida de muchas gentes arrebatadas por el agua: Napoleón llegó aquella tarde sobre las 3 1/2 a Castrogonzalo, y se alojó en la casa del cura de la iglesia de San Miguel.
Pascual Madoz (1806-1870)


lunes, 2 de mayo de 2016

El Puente de Castrogonzalo - El más preciso del Reino

Panorámica del Puente Mayor de Castrogonzalo
En el imaginario popular cualquier puente antiguo, con una construcción sólida de sillería, es calificado inmediatamente como "romano", y esto también es constatable en el caso que nos ocupa. En esta apreciación está presente la solvencia otorgada tradicionalmente a las construcciones de la Antigüedad y la reivindicación de un pasado considerado prestigioso. Tal vez por eso, en el Diccionario de Madoz se dice, sin fundamento alguno, que nuestro puente "es memorable por su antigüedad, pues es del tiempo de los celtíberos".
Sobre esta cuestión hay que hacer referencia a las observaciones del ingeniero Carlos Fernández Casado respecto a la existencia de ciertos restos de un puente anterior: “Al hacer unas excavaciones en los años sesenta para sustituir el puente actual por uno de hormigón armado paralelo, aparecieron cerca de la cabeza del puente de la orilla izquierda restos de construcciones con sillares bien escuadrados como de “opus cuadrata” romana, que parecen indicar que allí hubo un puente romano a cierta distancia del posterior medieval que se trasladó aguas abajo, utilizando en él, relabrados, los sillares del antiguo puente romano.
En la misma línea se expresa José Manuel Roldán Hervás al estudiar el trazado de la calzada romana de Mérida a Astorga: “A estos (indicios) se añaden unos estribos desfigurados que hemos encontrado en terreno seco en las márgenes de Esla, de mampostería, que pudieran ser de este puente. Sin duda, a juzgar por los exiguos restos, el puente debió ser importante y la falta de piedra de sillería que recubriría esta masa no debe extrañar en absoluto si se piensa que la zona es pobre o nula en piedra por lo que en el momento en el que una obra dejaba de prestar servicio se utilizaría su material inmediatamente en otra”.
Al margen de los indicios anteriores, las primeras evidencias sobre el puente de Castrogonzalo hay que situarlas en los siglos centrales de la Edad Media. Varios documentos relacionados con el monasterio de Santa María de Arbás citan nuestro puente en el siglo XIII.
En el año 1221 el rey leonés Alfonso IX vende a un particular, Juan Pérez, toda la heredad que le pertenecía en este puente y sus términos, en el territorio de Benavente, por 500 maravedís. De este mismo año existe otro diploma por el que este monarca hace donación del puente de Castrogonzalo, junto con todos sus portazgos, a Juan Pérez y su mujer Estefanía.
Al año siguiente, en 1222, Alfonso IX concede al monasterio de Arbás la facultad de hacer feria en el puente de Santa Marina de Castrogonzalo, ocho días antes y ocho días después de la festividad de Santa Marina, señalando las franquicias de los concurrentes a estas ferias. De este último documento debe deducirse que los receptores de la donación de Alfonso IX posteriormente entregaron sus heredades al monasterio de Santa María de Arbás, con lo que el puente quedó bajo su control. Poco después, en 1225, dando un nuevo impulso a la proyección que tenía el monasterio en esta zona, Alfonso IX otorga al abad de Arbás cuantos derechos le pertenecían en las dos iglesias de Castrogonzalo.
La imagen que proporcionan todas estas noticias, junto con otras referencias complementarias, es la de un enclave aparentemente próspero, al que la monarquía incentiva con la concesión de una feria franca de quince días. Todo esto hace presuponer un tráfico intenso de personas, mercancías y ganados.
El puente está asociado, además, a un santuario vinculado a la protección de los pasos de los ríos: la ermita o iglesia de Santa Marina. Sabemos también que aquí hubo una alberguería, relacionada con la asistencia a viajeros y peregrinos y, probablemente, un núcleo de población estable, germen de lo que hoy son los Paradores de Castrogonzalo. El cobro de portazgos en este lugar, y su cesión por el monarca a los nuevos propietarios, no sólo reafirma el despunte económico de este paso, sino también la dedicación de parte de estas rentas a su sostenimiento.
La devoción a Santa Marina, asociada a la protección de aguas y manantiales, tuvo un notable auge con las peregrinaciones a Santiago. Respecto a la ermita, José Muñoz Miñambres documenta su desaparición en el siglo XVII: "Tenía esta parroquia (Santo Tomás de Castrogonzalo) una ermita distante de la población, bajo la advocación de Santa Marina. Pero no estaba ni decente ni segura ya que "en ella se recogen los ganados y cabalgaduras, así como personas de mal vivir" [...] en el año 1624 se trajo la teja y la piedra de la ermita de Santa Marina y su imagen se llevó a la iglesia y se colocó en un altar lateral".
La alberguería se cita en 1287 a propósito de una donación de varias tierras y viñas en Castrogonzalo al monasterio de Moreruela. "E de la otra parte tierra de Pedro Barquero ... Et de la otra parte tierra de la Puente ... Et la otra tierra iaz so la puente ... et de la otra parte tierra del albergueria et de la otra parte tierra de la Puente. Et la otra tierra iaz enan vega a so las ribas de Santa Marina que determina de la primera parte tierra de Domingo Martínez carpentero, e de la segunda parte el camino que viene de la puente para Castro Gonzalo ... e de la otra parte vinna de la puente".
Ya en el siglo XIV contamos con nuevos datos suministrados por un interesante proceso judicial conservado en el Archivo Municipal de Benavente. El pleito está relacionado con el cobro de pontazgos en Castrogonzalo y el derecho a poner barcas en el río Esla. En el desarrollo del mismo se relatan las pesquisas realizadas por orden del juez Pedro Sánchez de Toro, destinadas a conocer qué puertos y barcas existían en el río y cuáles podían seguir utilizándose.
El pontazgo era una tasa que se satisfacía por el uso de los puentes y que se pagaba tanto por el paso de las personas, como por los carruajes, animales y mercancías. Al parecer, el uso incontrolado de las barcas de pasaje suponía una merma importante de los ingresos del Concejo de Benavente por los derechos del paso del puente. Se mencionan las barcas de Castrogonzalo, utilizadas cuando el puente se encontraba en obras de reparación; la de Barcial del Barco, que estaba bajo el control del monasterio de Santa Colomba de la Monjas y la barca de Deustamben, en El Priorato (Milles de la Polvorosa). En el caso del puente de Castrogonzalo sabemos que la recaudación correspondiente a la explotación de las barcas era destinada por el concejo a la labor de dicho viaducto.
El I Conde de Benavente, Juan Alfonso Pimentel (1398 1420), en un típico ejemplo de abuso señorial propio de los últimos siglos de la Edad Media, llegó a expoliar los sillares del puente para construir su panteón en el monasterio de San Francisco. Este episodio es conocido a través de una carta de finiquito otorgada por el concejo de Benavente renunciando en favor del conde don Rodrigo Alfonso a las acciones legales y a las indemnizaciones económicas a que tuviesen derecho por los abusos cometidos por su padre, el conde Juan Alfonso Pimentel: "como por çiertos pilares de piedra que mandó tomar de la puente de piedra de Castro Gonçalo para faser la su capiella que mandó faser en Sanct Françisco desta dicha villa".
Otra agresión intencionada fue la quema del puente en 1438 por "los gallegos que venían de Medina", según un asiento de las cuentas del Concejo: "Viernes seys días de junio adondodieron dos obreros con dos bestias adobar la puente de Castro Gonçalo que avían quemada los gallegos que venían de Medina, de çespede e cascajo, los obreros a dose mrs. Cada uno e las bestias a quatro mrs. Cada una que son treinta e dos mrs".
En el Archivo Municipal de Benavente se conservan algunas de las tarifas que se cobraban, tanto en las barcas como en el puente, por el tránsito de personas y mercancías, es decir los barcajes y pontazgos. Esta documentación está acompañada por voluminosos legajos relativos a obras de reparación y mantenimiento a lo largo de su historia.
Las dificultades estructurales de este tipo de construcciones, junto con las frecuentes avenidas del río obligaron a rehacer y reformar el viaducto en numerosas ocasiones. Aunque el emplazamiento de un puente solía ser estable, las variaciones de los cauces de los ríos junto con la fragilidad de los materiales hacían que constantemente se hicieran de nuevo. A finales del siglo XV, en el Esla, entre Castrogonzalo y Castropepe, existía un puente en seco, lo cual movió al concejo a acometer uno nuevo en sus inmediaciones:
"A la terçera pregunta dixo que sabe e ha visto que esta dicha villa de quarenta años a esta parte acostumbra cada año adobar las dichas puentes e algunas de ellas a costa de sus propios e que sabe este testigo que la dicha villa mandó faser e fizo una puente de veynte años ha esta parte en Castropepe, e que sabe e ha visto este testigo que en el río que pasa por esta dicha villa junto a Requexo está una puente de piedra en seco, e está fecha otra de madera por donde pasar dicho río, e que sabe que entre Castrogonçalo e Castropepe, por do solía pasar el río, está una puente en seco e que oyó desir que después la dicha villa fizo otra puente en Castrogonzalo, e se cayó, e que de veynte años a esta parte este testigo ha visto en la dicha villa fizo otra puente en el dicho río a lo llegar de Castropepe".
En el siglo XVI, Concretamente en 1550, deben destacarse las obras emprendidas a través de un compromiso entre el Concejo y los canteros Diego del Valle y Juan de Mondragón. La intervención afectó principalmente a los arcos del puente. Se nombraron dos jueces (uno por cada parte) para que dictaran sentencia arbitraria sobre la labor realizada en el mismo. En 1584 y 1585 se produjo nuevamente un arrendamiento de la obra y edificio del puente.
En 1683 se tramita un expediente relativo a la reconstrucción del puente que fue derribado por una gran crecida del río Esla. Incluye informes de Felipe Berroso de Isla, arquitecto y maestro mayor del obispado de Palencia, sobre cómo debe acometerse dicha obra, con sus materiales y su costo:
 "Excelentísimo Señor Conde Duque de Benabente. Phelipe Berroso de Ysla, maestro arquitecto y maestre mayor del obispado de Palencia, vecino de la çiudad de Medina de Rioseco, como tal artífice fuy a la villa de Benabente el día treçe de abril de este año de 1683 y reconocí la Puente Mayor de dicha villa sita en el río que pasa junto a Castro Gonçalo, y con dicho reconocimiento, hecho por unas y otras partes, vi la ruyna que el río hiço en la puente referida, que a la parte de arrriba, en medio del río, con poca diferençia en un ojo de quarenta pies de gueco poco más o menos, y por la parte de abaxo desmanteló tres ojos que se compondrán de çiento y treynta pies de largo con muy poca diferençia, y aunque la voces diçen estar algunas çepas concabosas por debaxo de su planta en considerables cantidades, y se atribuye preçede del curso y violençia de las aguas, que es çierto son muy rápidas en aquel paraxe".
"Es el puente más preciso del Reino". Esta fue la elocuente frase utilizada por Francisco Javier del Mazo en 1779 para intentar hacer entender a las autoridades del Estado la necesidad de acometer obras de reforma en el puente de Castrogonzalo, dado su estado de abandono y ruina. Por los mismo años el historiador ilustrado y viajero español Antonio Ponz insistía en que es uno de los pasos más necesarios de toda España para Galicia, Asturias y no se debe diferir más su perfecta reedificación: “A siete u ocho leguas de aquí, camino de Benavente, se encuentra el puente de Castro Gonzalo sobre el río Esla, que una avenida destruyó el año de 1739, según las noticias que yo tengo; y así se está desde entonces, sin embargo de varios repartimientos que se han hecho para su compostura; no habiéndose adelantado más hasta ahora, que la conducción de unos sesenta carros de piedra al pie de una obra importante, y necesaria, como que es el camino real de la Corte a Galicia. Le faltan dos, o tres ojos, y es menester desarmar los carruages para que pasen el estrecho espacio, que se ha formado con algunos maderos".
Muy mala estrella tuvo el puente de Castrogonzalo. En 1795 se acometió una ambiciosa reconstrucción que había tenido que esperar nada menos que 63 años para contar con un proyecto y un presupuesto definitivo, todo ello después múltiples aplazamientos, retrasos e imprevistos. La vieja estructura de los puentes levantados en época medieval, reparados y reconstruidos en innumerables ocasiones durante los siglos XVI y XVII, fue remozada desde sus cimientos y rehecha por el berciano Diego de Ochoa, arquitecto y académico de Mérito de la Real Academia, con la colaboración de Juan Sagarbinaga y, posteriormente, de su hijo Juan Marcelino Sagarbinaga. Todavía en 1803 su situación es muy delicada según describe Pedro Ceballos en un informe. Ochoa moriría en 1805 sin ver concluida su empresa, pues los trabajos se debieron prolongar hasta 1806 según se recoge en el Diccionario de Madoz.
El Puente Mayor resultante constará finalmente de 18 bóvedas, a los que habría que añadir los 9 arcos correspondientes al llamado Puente Viejo, hasta completar los 27 ojos que se registran en el Diccionario de Madoz. La faraónica infraestructura se prolongaba con toda una serie de pontones y alcantarillas que se extendían prácticamente hasta el actual término municipal de Benavente, y de las que aún se conserva buena parte de su estructura. Ochoa se ocupó, entre otros cometidos, de levantar de nuevo los nueve primeros arcos del Puente Mayor, los más próximos a Castrogonzalo, correspondientes a su primer tramo.
Como señala Vicente Fernández Vázquez, a finales del Antiguo Régimen, por los puentes y calzadas de Castrogonzalo "se entienden cuatro puentes con tres prados intermedios, cuya línea total abarca 6.130 pies", más de un cuarto de legua, y que responden a las nominaciones de Puente Mayor, Puente Antiguo, Ojos de Castrogonzalo y Tamariz. Los cuatro puentes presentaban tajamares, manguardias, antepechos, estribos, y el piso lo tenían empedrado, si bien en muchas ocasiones estuvo cubierto de tierra virgen. Los antepechos del Puente Viejo y del Puente Mayor tenían "calegones", para evacuar el agua del tablero.
 En los últimos días del mes de diciembre de 1808 nuestro puente se vio involucrado de lleno en uno de los episodios más trascendentales de los comienzos de la Guerra de la Independencia española. El paso del Esla se convirtió entonces en un objetivo estratégico de primera magnitud, codiciado por los ejércitos extranjeros beligerantes. Primero para el grueso del ejército inglés, al mando del General Moore, que se retiraba precipitadamente hacia La Coruña, e inmediatamente después por las tropas al mando de Napoleón, que avanzaban a marchas forzadas en su persecución.
La estructura del puente, apenas recién terminada, fue minada y volada con pólvora por los ingenieros ingleses en los arcos más próximos a la orilla izquierda del Esla. La laboriosa labor de minado debió tener lugar en un lapso temporal que abarcaría la noche del 27 de diciembre hasta la madrugada del día 29. El sabotaje formaba parte del plan del general de Moore de obstaculizar al máximo el avance francés, y evitar el enfrentamiento cuerpo a cuerpo con el enemigo.
Poco después, los pontoneros franceses se afanaron en entablar los arcos y machones minados por la pólvora inglesa. Un militar francés, Nicolás Marcel, hace referencia en sus memorias a estos trabajos de reparación: "... el puente era muy difícil de reparar, pero allí donde se encontrase el emperador, se eliminaban los obstáculos en un instante, aparecían vigas, maderos y escaleras por doquier y, aunque no pudiese pasar más que de uno en uno, en dos horas los 4.000 hombres se encontraban del otro lado del río".
En estas tareas fue aprovechada toda la madera que se pudo encontrar, alguna de procedencia muy poco confesable. Del monasterio de Santo Domingo de Benavente, por ejemplo, se desmontaron buena parte de sus dependencias e iglesia para convertirlas en vigas.
En la actualidad se conservan en este sector cuatro bóvedas de una luz media de 12 metros, y otras cinco, separadas por un enorme machón, con una luz aproximada de 14 metros. Sobre las pilas de sillería descansan las vigas de hierro pintadas de verde que, a su vez, sustituyen a una estructura de vigas de madera. Está fue la principal "huella" dejada por el paso del ejército inglés por estas tierras. Más recientemente, en el año 2000, este sector fue objeto de obras de consolidación y reconstrucción.
Durante el siglo XIX se siguen produciendo obras de reparación, así como intervenciones en las vías de acceso y en los edificios anexos. En el "Diccionario Geográfico Universal dedicado a la Reina Nuestra Señora", de 1831, leemos: "Inmediato al dicho pueblo de Castrogonzalo hay un puente de piedra que necesita repararse por su fatal estado, y en él se reúnen varios caminos de Castilla por Benavente, sirviendo de comunicación con Galicia". En 1859 se publica una "Memoria sobre el estado de las obra públicas en España". Entre otras actuaciones, se registran obras reparación en el puente y en la "Carretera número 6. De Madrid a La Coruña ... En la provincia de Zamora. Se ha construido el parador de Castro Gonzalo para indemnizar al pueblo por un edificio de que se le expropió; además se ha construido una barca para el paso de Villanueva de Azoague".
En 1874, el ingeniero Cipriano Martínez González describía con gran precisión nuestro puente a propósito de una memoria explicativa sobre la calzada romana de Astorga a Palencia por Benavente:
“El puente de Castro-Gonzalo sobre el Esla consta de dos partes distintas separadas por un trozo de carretera defendida con muros de sostenimiento, los cuales se prolongan por la margen derecha en una longitud de más de un kilómetro, permitiendo el paso de las aguas por una porción de grupos de alcantarillas y pontón. El primer puente que se halla se conoce con el nombre de Viejo, y consta de 9 arcos de 10 a 12 metros de luz, semicirculares unos y otros peraltados y ligeramente apuntados. El otro puente, más moderno que el anterior, consta de 17 huecos y está dividido en dos porciones por una fuerte pila estribo, que sube hasta el piso del puente formando una gran plataforma. Uno de estos tramos fue cortado por los ingleses en la guerra de la Independencia hallándose hoy día reemplazados los arcos por entramado de madera. El resto de la obra es de sillería arenisca, hallándose toda ella en buen estado, e indicando ser moderna”.

El llamado Puente Viejo, derruido en su mayor parte durante las obras de construcción de la Carretera de Madrid.
Tramo del puente volado por los ingleses en diciembre de 1808. Sobre los machones de sillería se levantó posteriormente una estructura metálica.
Detalle de uno de los Arcos del Puente Mayor
Uno de los arcos del Puente Viejo, actualmente en ruinas
Vista del Puente Mayor aguas arriba, antes del último derrumbe. En primer término el ojo y el sector del muro afectados.
Vista del Puente Mayor aguas abajo, antes del último derrumbe. En primer término el ojo y el sector del muro afectados.
Vista de la calzada antes de la última restauración.
Estado del Puente de Castrogonzalo tras el último derrumbe. Foto tomada el día 6 de mayo de 2016.
Detalle del muro desplazado por el fallo de su cimiento. Foto tomada el día 6 de mayo de 2016.
Detalle de un grabado de Bacler D'Albe que representa el paso del ejército francés en Castropepe en 1808. Se aprecia al fondo el Puente de Castrogonzalo con alguno de sus arcos destruido por la pólvora inglesa.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Intervención arqueológica de urgencia en el Cerro del Castillo de Castrogonzalo

Por Víctor Iturbe Martínez

En este yacimiento situado en Castrogonzalo (Zamora) durante la realización de unas obras hidráulicas se ha topado principalmente con una cabaña perteneciente al periodo de la Edad del Hierro realizándose una excavación arqueológica .

Localización del yacimiento y de la excavación arqueológica 
El poblado de la Edad del Hierro

El emplazamiento de El Castillo se sitúa en la margen izquierda del río Esla, sobre un otero en pleno casco urbano. El espacio del yacimiento está compuesto por una "plataforma" terrera con cortes geológicos.
Los periodos históricos más relevantes corresponden a la Primera Edad del Hierro con la existencia de un poblado probablemente fortificado (Siglos VI-V a.C) y su refortificación durante la Edad Media (Siglos X-XII y XV).
En la zona de Benavente y los Valles existieron otros poblados durante la Edad del Hierro como por ejemplo el yacimiento de Los Cuestos de la Estación (Benavente) y en Manganeses de la Polvorosa (La Corona- El Pesadero). Sus excavaciones nos mostraron el tipo de poblados que edificaron las gentes de la cultura del Soto de Medinilla.
Un poblado de esta cultura estuvo formado por cabañas de diversos tipos y utilidades organizadas anárquicamente, pero ordenadas junto a calles. La construcción principal fue la cabaña para usos domésticos que se caracterizó por tener un hogar en el centro para el fuego además de un banco corrido para sentarse. Su sistema constructivo fue de adobe y tapial. Su forma fue circular y oval. La cubierta tuvo forma cónica y se recubrió con madera, ramaje y paja. Estas viviendas tuvieron una puerta de entrada y posiblemente algún vano. Otro tipo de cabaña denominad auxiliar se situó junto a la cabaña de usos domésticos y se utilizó para usos agrícolas, ganaderos y otros (hornos). La construcción es similar a la cabaña de usos domésticos, pero con algunos elementos diferenciadores como poseer un espacio más reducido y la carencia tanto del banco corrido como del hogar.

Vista de la excavación arqueológica con muro de cabaña protegido y en la plataforma final calle de cantos rodados.
Las primeras Cabañas descubiertas en El Castillo.

La construcción principal se localiza en el Norte del yacimiento junto a la Travesía Caracol, en una subida hacia el depósito de agua.  Existe un corte terrero formado por estratos superpuestos compuestos de fragmentos cerámicos, útiles líticos, huesos, carbones vegetales...además de un silo y un muro con adobes. Durante la obra realizada en dicha calle y bajo un seguimiento arqueológico se descubrió la silueta de un muro.
Se realizaron dos intervenciones arqueológicas. La primera consistió en un rebajamiento de la superficie delimitando dos zonas. Una de ellas compuesta por estratos y la otra por un muro. La segunda intervención consistió en una excavación arqueológica (marzo-2016) en toda el área, profundizando desde el rebajamiento anterior hasta cerca de la superficie del suelo de la cabaña. A escasos metros se descubrió el muro de otra cabaña y junto a esta un suelo compuesto por cantos rodados posiblemente de una calle.
La cabaña principal se construyó en tapial. Se conserva un muro en forma de arco probablemente de forma oval cuyas dimensiones aproximadas son: longitud 430cm, anchura 23cm, altura 40cm.
La cabaña más próxima posee otro muro muy deteriorado y no se pueden establecer sus dimensiones.

Muro de cabaña principal en proceso de excavación.
Restos de muro de otra cabaña, al fondo el río Esla.
El Castillo, un yacimiento al servicio del hombre.

En el año 2013 hicimos una prospección arqueológica en el término municipal encargada por el ayuntamiento de Castrogonzalo. Prospectamos El Castillo y observamos el estado de deterioro del yacimiento. Posteriormente realizamos un catálogo de los bienes monumentales y arqueológicos de la localidad dotando al yacimiento de una serie de medidas preventivas para su protección. Tras una paralización de la normativa urbanística se comenzó una nueva obra que afectó al yacimiento (De Diciembre-2015 a Marzo 2016). Después de toparse con la cabaña anteriormente mencionada se decidió realizar la excavación arqueología del tipo "urgencia". Las excavaciones urgentes afectan a los yacimientos negativamente tanto a los recursos laborales como a los resultados de la investigación. Puesto que apremia la obra no se puede aplicar la metodología arqueológica íntegramente y se pierde información (datación absoluta, datos medioambientales, recursos económicos...). Es de agradecer que con esta nueva excavación tengamos una visión más real sobre el tipo de construcciones que realizaron los pobladores de El Castillo pero aún nos falta aplicar el método arqueológico con rigurosidad para poder aportar una información de mejor calidad.