jueves, 27 de noviembre de 2008

El Retablo de Castrogonzalo - Una mirada a la Pintura Renacentista en la provincia de Zamora

Este retablo, actualmente situado en el muro occidental de la Iglesia de San Miguel, es sin lugar a dudas el principal tesoro artístico con que cuenta la villa zamorana de Castrogonzalo. No obstante, su emplazamiento original estuvo en el presbiterio de la desaparecida iglesia de Santo Tomás. Tiene una longitud de 7,80 metros y una altura de 5,70 m. El zócalo mide unos 1,30 m. y la coronación del ático tiene otros 1,50 m, con lo que la altura total máxima desde el suelo es aproximadamente de 8,50 metros. Está presidido por dos esculturas: una talla de Santo Tomás Apóstol y otra de San Juan Bautista.

Su estructura arquitectónica consta de un cuerpo bajo: el banco o predela, ocupado por encasamientos, con diez pequeñas imágenes de evangelistas, santos, apóstoles y doctores de la Iglesia. Se distribuye verticalmente en una calle central y cuatro laterales, a las que hay que añadir otras dos calles exteriores, más estrechas, con recuadros a manera de nichos que acogen el resto de tallas, hasta completar el número total de veintidós. Horizontalmente se distinguen tres cuerpos o pisos. La separación entre las calles se realiza a través de columnillas abalaustradas. La transición de un cuerpo a otro se efectúa mediante cornisas y frisos decorados con grutescos.
Lo más destacable de todo el conjunto son las 14 tablas policromadas que representan diversos temas del Nuevo Testamento.El primer ciclo temático tiene por tema aspectos diversos de la vida de la Virgen y la infancia de Cristo, ocuparía todo el primer cuerpo y las dos tablas del lado izquierdo del segundo. Comprende: El Nacimiento de la Virgen, La Anunciación, La Visitación, La Natividad, La Adoración de los Magos y La Presentación en el Templo. Mayores problemas presentan las tablas siete y ocho, ambas en el lado derecho del segundo piso, las correspondientes a los temas de Pentecostés y La imposición de la casulla a San Ildefonso. La primera no encaja en el desarrollo temático, pues debería estar en el tercer piso tras La Resurrección. La segunda no corresponde a un momento concreto. Por último, el cuerpo tercero se centra en temas de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Comprende El Ecce Homo, Camino del Calvario, El Calvario y La Resurrección. La última tabla de este piso que hemos numerado como la trece, es una imagen de la Asunción de la Virgen que se completa con La Inmaculada del ático.
En nuestro retablo se pone de manifiesto la influencia conjunta de la pintura hispanoflamenca y la renacentista italiana. Junto a composiciones e iconografía propios de lo flamenco, los personajes se desenvuelven en arquitecturas renacentistas. Pero es el arte de Rafael Sanzio el que deja una mayor impronta. Su influencia se manifiesta en la belleza ideal, en la delicadez de los gestos, en el suave plegado de los paños y en la suavidad de la luz.Los primeros datos conocidos sobre la autoría están relacionados con el pintor salmantino Juan de Montejo. En 1559 su viuda, Luisa de Oviedo otorga poder a dos vecinos de Villalpando para que presenten un requerimiento al mayordomo de la iglesia de Castrogonzalo "sobre el pintar del retablo que está comenzado".


Pero el documento que arroja más luz es un contrato firmado entre Luisa de Oviedo y Francisco de Valdecañas el 23 de febrero de 1560. Por él sabemos que el pintor toresano estaba obligado a entregar acabado el dicho retablo para el año siguiente. Francisco de Valdecañas murió sin cumplir finalmente todos sus compromisos. En 1569 Antonio de Salamanca retoma los trabajos. Muy poco, sin embargo, duró esta labor pues debido a una enfermedad traspasa su labor a Santiago de Remesal, pintor vecino de Valladolid.
Parece claro que la mayor parte de la obra del retablo de Castrogonzalo se hizo estando en vigor el contrato suscrito con Francisco de Valdecañas en 1560. Teniendo en cuenta su fuerte vinculación con el grupo de artistas de Toro, con los que trabaja frecuentemente de forma mancomunada, uno o varios de ellos debieron de intervenir de forma activa. Los nombres de Lorenzo Ávila y, sobre todo, Juan de Borgoña El Joven planean sobre nuestro retablo.
Para más información:
http://terra.es/personal8/rafamefecit
Imágenes: 1. Detalle de la tabla de La Visitación; 2. Detalle de la tabla de La Natividad y 3. Panóramica general del retablo.

La Mota de Castrogonzalo - Castillos y fortalezas en el alfoz de Benavente

El castillo de Benavente no fue la única fortificación existente dentro del alfoz medieval. Dentro del dilatado territorio que conformó la Tierra del concejo existieron otras fortificaciones menores que tuvieron su peso específico y su trascendencia en las estructuras defensivas del territorio.
De algunas solamente podemos asegurar su existencia por puntuales menciones en las fuentes. Otras, en cambio, no cuentan con el beneficio del registro documental, pero como contrapartida ofrecen algunos restos materiales reconocibles de interés.

La nómina de fortificaciones es bastante amplia y engloba casos muy dispares: Granucillo de Vidriales, Ayóo de Vidriales, Castillo de Mira, Bretó, Castropepe, Mózar-Milles de la Polvorosa, San Miguel del Valle, Castrogonzalo, Cimanes de la Vega, Manganeses de la Polvorosa, Camarzana, Castroferrol, Arrabalde, San Pedro de la Viña, etc.
En el caso de Castrogonzalo, el asentamiento se localiza en la parte superior del cerro de El Castillo, donde se han recogido fundamentalmente materiales cerámicos correspondientes a la Edad del Hierro, aunque con evidencias de reocupaciones posteriores de época medieval. En cualquier caso, el poblado, de considerables dimensiones, debía estar defendido naturalmente por su parte occidental por el brusco talud que se abre sobre el río, mientras que el resto de los sectores, con una pendiente bastante más suave, obligaría a crear defensas terreras artificiales.
En el cerro hay un vértice geodésico sobre los 758 m. de altitud, mientras que el nivel del río está sobre los 705 m. Algunos cortes producidos por las construcciones modernas en su recinto muestran una potente estratigrafía protohistórica, correspondiente a un poblado de la Primera Edad del Hierro. Sobre ella un grueso estrato de sedimentación muestra el abandono del lugar y, superpuesto, otro nivel originado por la ocupación medieval.
Esta situación privilegiada proporcionaba un dominio visual de dos zonas geográficas bien diferenciadas: por una parte el borde suroccidental de la Tierra de Campos, y por otra la vega del Esla en su confluencia con el tramo final del río Cea. Estos condicionamientos, junto con el control sobre paso del río Esla a través de un puente antiguo, han determinado totalmente el devenir histórico de la población.
La aparición de Castrogonzalo en las fuentes, en la primera mitad del siglo X, está ligada de alguna manera a su papel militar. Es en este momento cuando en varios diplomas leoneses comenzamos a encontrar menciones a Castro de Gundisalvo y Castrum Gundisalvo Iben Muza.

Los nuevos pobladores y sus descendientes se asentarían en torno al antiguo castro prehistórico, tal vez reaprovechando la infraestructura defensiva de épocas pretéritas. De esta forma el incipiente castrum pasó a ser el centro de un territorio, en el que existirían varias villas, aldeas o núcleos de población menores dependientes. Así pues, en el nuevo asentamiento se conciliaba una doble función defensiva y política, uniéndose de esta manera a otro conjunto de emplazamientos de similar denominación y características que formaban la red defensiva y administrativa del territorio.
La separación política de León y Castilla a la muerte de Alfonso VII en 1157, hizo que las plazas militares más o menos próximas a la difusa línea fronteriza entre ambos reinos adquirieran un particular interés para ambas monarquías.
La sucesión de fases de actividad militar y de paz, así como la falta de accidentes geográficos fácilmente reconocibles, hacen difícil concretar sobre el terreno las zonas que controlaba cada reino en Tierra de Campos. Castrogonzalo no se encontraba estrictamente en la frontera entre León y Castilla, pero sí en las tierras que podían ser objeto de litigio entre ambos reinos. Por tanto, el control de su fortificación adquirió un renovado interés en estos años y se convirtió en moneda de cambio habitual en los entresijos de la alta política.
Las obras de refortificación de la Mota de Castrogonzalo se desarrollaron en el año 1466, durante el mandato del IV conde de Benavente, Rodrigo Alfonso Pimentel (1451-1499). Una mirada rápida al contexto político del reino en torno a esta fecha pone de manifiesto que estos trabajos no son producto de un capricho del conde, o de una coyuntura estrictamente concejil o comarcal. Varios acontecimientos relevantes, y concatenados, se producían en el reino de Castilla en aquellos meses convulsos del reinado de Enrique IV (1454-1474).
La rivalidad mantenida en el tiempo entre Osorios y Pimenteles explica, junto con la convulsa coyuntura política del reino, la iniciativa del conde en 1466 de realizar trabajos de refortificación en la Mota de Castrogonzalo. Su situación estratégica junto el paso del Esla, en los límites del condado y colindante con Fuentes de Ropel, antigua aldea del concejo de Benavente ahora en los dominios de los Osorio, mueve a las autoridades municipales a asegurar la plaza.

Vital era también mantener y consolidar Castrogonzalo para evitar la pérdida de otro enclave no menos importante: San Miguel del Valle, auténtica cabeza de puente aislada ahora totalmente en las tierras hostiles de los Osorio.
No estamos ante la construcción de una fortaleza ex novo, sino que se remozó o rehabilitó una edificación que ya había sufrido otras intervenciones anteriores. Los trabajos documentados debieron consistir fundamentalmente en levantar o reparar un recinto fortificado, al que se alude en varias ocasiones como cortijo. Este recinto contaba con una puerta principal de acceso defendida con un baluarte, y al menos "dos caramanchones" superpuestos a los muros. Uno sobre dicha puerta y otro cabe la yglesia del Barrio de Arriba, que podemos identificar sin dificultad con el actual templo de San Miguel.
Además, a fin de hacer más pronunciado el desnivel entre el cerro y la ladera donde se asentaba la población, en diversos tramos se cavó o labró el talud. Aparecen así menciones a peinar la cava, peinar la Mota o peynar en la cuesta de la parte del río. Expresiones que deben interpretarse en su sentido literal de quitar parte de piedra o tierra de una roca o montaña escarpándola. El termino cava tal vez aluda también a la construcción de un foso, aunque su uso concreto en varios pasajes del documento ofrece diversas interpretaciones.
La materia prima básica empleada en la construcción y restauración de la Mota de Castrogonzalo en el año 1466 fue el barro, destacando especialmente el tapial como modalidad constructiva, si bien en algunos tramos también se utilizó el adobe. Estamos pues ante un ejemplo clásico de fortificación terrera.
Respecto al montículo artificial, conocido popularmente en la localidad como El Gurugú, no hemos encontrado referencias concretas en esta documentación, tal vez por que su construcción es anterior en el tiempo. El término mota, empleado con frecuencia en las obras de 1466, parece referirse en sentido genérico al conjunto del cerro o castro, sin que se diferencie dentro de él esta segunda estructura. Este tipo de motas terreras artificiales parecen ser más propias de los siglos XII y XIII, especialmente durante el periodo de guerras fronterizas entre León y Castilla. Es en este momento cuando los avances tácticos dejan desfasados los viejos recintos castreños, que deben refortificarse para una mejor defensa del territorio.
En Castrogonzalo, en el extremo suroeste del poblado castreño, el más protegido por la mayor altura del escarpe, se construyó efectivamente una "mota" similar a la descrita en Bretó. Se aumentaba así el valor defensivo de la meseta, sobreelevada ya de por sí por los niveles antrópicos antiguos, incluidos los de la ocupación medieval anterior. La construcción del depósito de agua, la nivelación de tierras y la excavación de bodegas bajo ella4 impiden en la actualidad reconocer el foso y las proporciones originales del montículo.
Imágenes: 1. Panorámica de Castrogonzalo desde la ladera sur del cerro; 2. Vista actual de la Calle del Castillo; 3. Bodegas y "covarachos" excavados en las arcillas del cerro del castillo y 4. La "Mota" de Castrogonzalo, más conocida como "El Gurugú".

miércoles, 15 de octubre de 2008

Napoleón en Castrogonzalo - El César francés en los Valles de Benavente

El itinerario de Bonaparte, desde su salida de Madrid hasta su llegada a Astorga en el invierno de 1808, puede ser reconstruido con razonable precisión a través de las fuentes francesas e inglesas. El Emperador, a la vista de las noticias recibidas el 19 de diciembre sobre los movimientos ingleses, había ordenado desde Madrid al mariscal Ney que se dirigiera al día siguiente hacia el Guadarrama con dos divisiones y la caballería de Colbert. Sobre la marcha se le incorporaría desde El Escorial la división de Dragones de La Houssaye, que avanzaría sobre Ávila.
El 22 de diciembre, hacia el mediodía, Napoleón abandonó Chamartín, precedido por su Guardia Imperial, con el propósito de pernoctar en Villacastín ese mismo día. La empresa se vería truncada por las adversas condiciones meteorológicas, pues un violento temporal de viento y nieve reinaba en las sierras madrileñas. El frío era intensísimo, como remarca el Conde de Toreno: "...tan intenso el frío para aquel clima, que al pie de las montañas de Guadarrma señaló el termómetro de Reaumur nueve grados debajo de cero [...] Al bajar a Castilla la Vieja sobrevino blandura, acompañada de lluvia, y se formaron tales lodazales, que hubo sitios en que se atascaron la artillería y equipajes, aumentándose el desconsuelo de los franceses a la vista de los pueblos por la mayor parte solitarios y desprovistos".


Debido a estos imponderables la marcha del ejército resultó muy dura y penosa, ralentizando los planes franceses y dispersando sus efectivos en diferentes puntos del itinerario. El Emperador disponía de un total de fuerzas movilizadas contra Moore que superaban los 40.000 hombres. En la noche del 22 al 23 de diciembre de 1808 todas estas unidades se encontraban diseminadas en una columna de más de 120 kilómetros, la distancia comprendida entre Madrid y Arévalo.
La documentación epistolar de Bonaparte viene a señalar los hitos principales. Desde Chamartín, donde se fechan diversas cartas durante el día 22 de diciembre, los siguientes hitos desde los que se emiten documentos oficiales son Villacastín el 23, Arévalo el 24, Tordesillas el 25, 26 y 27, Medina de Rioseco y Valderas el 29. Las siguientes cartas son ya redactadas en Benavente durante los días 30 y 31 de este mismo mes.
La marcha desde Medina de Rioseco a Valderas durante la jornada del día 28 de diciembre se caracterizó por su extrema dureza. Napoleón, devorado por la furia y la impaciencia, no se permitió ni un respiro, creyendo que estaba a punto de dar caza al enemigo y asestarle el golpe definitivo. Las memorias le describen galopando colérico a campo a través, seguido a duras penas por un reducido grupo de cazadores de su guardia, todo ello bajo un auténtico diluvio y con los caminos convertidos en lodazales. Vemos como la ruta seguida por el Emperador se desviaba hacia el norte, apartándose ligeramente de la carretera de La Coruña.
Al parecer, Napoleón, no conociendo con exactitud la situación del ejército inglés, dirigió su ejército hacia el norte, hacia Medina de Rioseco y Valderas, con la intención de coger a los ingleses por el flanco. Pero para entonces ya habían sorteado el Esla en Valencia de Don Juan y en Castrogonzalo. El César francés decidió entonces bajar hacia Benavente con dos objetivos: pasar con mayor rapidez y garantías el río, y hacerse con los almacenes ingleses que se habían establecido en Benavente.
La mañana del 29 la vanguardia, compuesta de tres escuadrones de caballería al mando de Lefebvre, llegó a la altura de los ingleses en el Esla, dando lugar al episodio célebre del cruce del Esla y la captura posterior del general. El emperador debió ser informado casi inmediatamente del apresamiento de su general y se presentó en el escenario de los acontecimientos muy poco tiempo después.
Jean Baptiste Antoine de Marcelin, barón de Marbot, advierte que Bonaparte, consciente de la maniobra de retirada de Moore, aceleró la marcha de su ejército, recorriendo diez o doce leguas diarias a pesar del frío, la lluvia, la nieve y el deplorable estado de las carreteras. Este mismo autor precisa que Bonaparte llegó al Esla en el momento en que un parlamentario enemigo venía a anunciar que el caballo del general Lefebvre había muerto durante el combate y que el general era prisionero de guerra. Sobre este particular las versiones no siempre son coincidentes. Así Thomas Pococke, después de relatar con detalle la captura de Lefebvre sugiere, sobre la base del testimonio de los lugareños, que el propio Emperador fue espectador de excepción de los acontecimientos: "nos dijeron los españoles que Bonaparte había visto el episodio desde los altos".
Sea como fuere, parece acreditado, a partir de diversos testimonios coincidentes, que Napoleón llegó al Esla, a la altura del volado puente de Castrogonzalo, en la misma mañana o durante la tarde del día 29 de diciembre de 1808. Igualmente, todo apunta a que el lugar donde había pernoctado la noche anterior y en el que se instaló su cuartel general era Valderas, y no Villalpando como insisten las fuentes inglesas. De ese mismo día 29 existe documentación epistolar del Emperador fechada en Valderas. Una de las misivas, como se ha comentado anteriormente, está dirigida precisamente a Lefebvre, lógicamente redactada de madrugada antes de producirse su apresamiento.
A partir de aquí los testimonios son de lo más dispar y, en algunos casos, irreconciliables. Una fuerte tradición oral, que es bien conocida entre los vecinos de Castrogonzalo, precisa que el Emperador pasó la noche en la localidad, alojándose en la casa rectoral del párroco de la iglesia de San Miguel, en el Barrio de Arriba. Esta vivienda, de arquitectura más bien modesta en comparación con otras construcciones de la misma localidad, fue derribada hace ya algunos años. Estaba situada en la plaza de La Laguna, cuyo nombre recuerda la existencia desde antiguo de una explanada donde se recogían las aguas de lluvia para el aprovechamiento del ganado. Desde luego, no era la mejor casa existente en 1808 en el pueblo, pero es posible que sí resultara la que pudiera ofrecer mayores comodidades y garantías en aquellos vibrantes momentos.
A la vista de algunas fotografías sorprende que pudiera ser elegida para el descanso del César francés, cuando sabemos por diversos testimonios que su ejército no se andaba con miramientos para la ocupación y confiscación de todo tipo viviendas particulares, hospitales, iglesias y monasterios. Tal vez su condición de casa rectoral y su estratégica situación en la Plaza de la Laguna, con salida hacia dos calles y en la parte alta de la población, la hicieron aconsejable por motivos de discreción y seguridad.
Véase también: R. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, La Carrera de Benavente. Memorias de la Guerra de la Independencia, Benavente, 2008.
Imágenes: 1. La Campaña de Francia, de Meissonier [1814]; 2. Napoleón Cónsul y 3. Iglesia de San Miguel de Castrogonzalo.